Frecuencia
Júpiter
Autor: Martha Riva Palacio
Obón
Editorial: Ediciones SM
Páginas: 114
Es una
novela que no es propiamente ciencia ficción pero tampoco es totalmente
realista. No trata exclusivamente de un romance adolescente ni sólo de un tema delicado,
como los feminicidios que han asolado nuestro país. Tiene su dosis de música,
su pizca de tecnología actual (Twitter), su buena parte de suspenso y sus
laberintos mentales; pero no es una novela romántica, de denuncia, de nuevos
medios, musical, de misterio o psicológica. O quizá sí, es todo eso, pero es
mucho más: uno de esos ejemplos maravillosos donde el todo es mucho más que la
suma de sus partes.
Emilia
está en el limbo debido a un accidente desconocido para el lector. Para armar
el relato de sus dieciocho años acude a las instantáneas que conforman su
memoria: su abuela postrada para rezar; ella misma sentada en las piernas de un
sacerdote; el día que conoció a Matías; la noche en que logró escuchar a
Júpiter. Emilia quiere salir del coma, pero su única vía de contacto con el
exterior es también su mayor fobia: una mariposa. La presente novela pretende
crear conciencia entre los jóvenes sobre el uso de las drogas y sus
consecuencias.
Ella
estudia la prepa abierta y pasa mucho tiempo con su única amiga, Irene, y con
la novia de ésta, Luisa (sí, dije novia. Y no, la homosexualidad de la pareja
no es importante para la trama). Emilia es un poco geek: uno de sus pasatiempos
es surfear en internet para leer historias sobre el fin del mundo y escuchar
estaciones codificadas, probablemente por agencias de inteligencia gringas y
rusas; pero también es una adolescente normal, enamorada de un chavo que vive
muy lejos, en Chile (se conocieron mientras él estaba en México, pero han
pasado años desde entonces). Al mismo tiempo, trata de establecer una relación
adulta con su padre, lo que tiene cierto grado de dificultad para ambos, sobre
todo en lo relacionado con la confianza y la responsabilidad (pero esto va en
ambos sentidos: hay momentos en que no queda claro cuál de los dos es más
inmaduro y vulnerable).
Sería,
pues, una historia cotidiana y rutinaria (mariposas incluidas, ya que todos
tenemos por ahí alguna fobia guardada) si no fuera porque, además, Emilia está
en coma. Y este recuento de su vida se combina con pesadillas, alucinaciones o
delirios. Ella sabe que tiene que salir del coma, pero la opción para lograrlo
se relaciona con su fobia a las mariposas y, sobre todo, con la necesidad de
enfrentar algo que ocurrió y que quizá no quiere recordar… Al mismo tiempo,
Emilia recuerda algunos de los peores momentos de su vida y recrea
constantemente su fobia: un terror absoluto a las mariposas.
Detrás
de este fondo surrealista de planetas y mariposas existe una dura realidad que
marca la vida de Emilia: la violencia que afecta al país y en específico los
feminicidios, o asesinatos brutales de mujeres, que investiga su padre como
periodista. Matías es hijo de una familia chilena marcada por la dictadura, por
lo que el contraste entre ambos países es inevitable.
A
diferencia de otros libros para jóvenes, donde se promueve la idea de mantener
la virginidad antes del matrimonio, Emilia ya tuvo relaciones sexuales y no
tiene grandes expectativas sobre el sexo. La autora afirmó que al abordar el
tema trató de ser fiel a la realidad que viven muchos adolescentes.
"Aunque
en mi libro la fobia a las mariposas es como una de las metáforas principales,
no es sólo eso. De repente hubo una necesidad, a nivel personal, de poner un
título que fuera más allá, retomar otros aspectos más allá del miedo",
dijo sobre el cambio.
En
el libro también hay párrafos enteros en lenguaje HTML.
"Es
un idioma en sí... y es un idioma como tal, con sus propias reglas y toda una
cuestión de gramática, de significados y de códigos", explicó la autora.
Los
lectores curiosos podrán descubrir mensajes sobre el libro si buscan las
páginas que incluyen los párrafos en HTML, como una repetidora rusa y una
página de la NASA donde se puede escuchar Júpiter.
"Es
tan fuerte su campo electromagnético que llega hasta la Tierra", dijo la
escritora, quien describió el sonido como estática, pero "lo que lo hace
asombroso es saber que es Júpiter", agregó. La referencia está incluida en
la página 43.
La
novela tiene momentos enternecedores y otros terroríficos; pero creo que lo que
más me gusta es que toca temas complicadísimos con una gran naturalidad. No con
indiferencia o cinismo, que conste: más bien, sin hacer grandes aspavientos o
tratar de dar moralejas al respecto. Por ejemplo: Emilia y su galán están
viendo Evangelion en casa de ella (solos, por supuesto) y de pronto pasan a los
besos y más allá. Ella le pregunta: “¿Traes condón?”. Él responde que sí. Y
siguen besándose. En ningún momento entra el interventor de la Secretaría del
Pudor a editorializar. Y eso se agradece. Lo mismo cuando Emilia habla del
alcoholismo de su papá: es algo que existe, y punto. Hay libros que prefieren
optar por un mundo simplificado para no tocar ni de pasadita los temas que
preocupan a los adolescentes (drogas, alcohol, sexo, violencia, etcétera) o que
aprovechan cada mención de estos temas para dar un sermón al respecto
Recomiendo
ampliamente la lectura de esta novela a cualquier persona que esté en la
adolescencia, esté por llegar a esa etapa o la haya dejado atrás pero aún se
acuerde de ella bueno, también a quienes no se acuerdan: les puede servir para
refrescar la memoria. También es importante tener toda la atención en el libro
puesto que el autor usa flashbaks y muchas veces el cambió en el tiempo de la
historia es confusa (Eso me pasó a mí, me confundió un poco éste recurso
literario)
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